La Asociación Cultural "La Colegiata" de Murias debe su nombre a que antigüamente en Murias existió una Colegiata que fue fundada por el Brigadier Don Lorenzo de Solís en el último tercio del Siglo XVIII y fue el centro cultural más importante de las cuencas del Caudal, Lena y Aller.

     Don Lorenzo de Solís y Rodríguez nació a finales del Siglo XVII en el año 1693 durante el reinado de Carlos II y murió en Veracruz en 1761. Su lugar de nacimiento es un verdadero dilema, mientras que unos dicen que nació en Santibañez de Murias, pueblo que pertenece a la parroquia de Murias, otros afirman que nació en Oviedo, más concretamente en la Calle del Rosal, lo que si se sabe es que su padre Don Thomás de Solís había nacido en Santibañez de Murias hacia 1650 y la mayoría de sus parientes vivieron en la parroquia de Murias.

Autógrafo del Brigadier Solís

   
   
      Fue Coronel de Ingenieros, Brigadier y electo Mariscal de Campo, fundador de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo y también hizo construcciones y proyectos muy reconocidos y valorados en el resto de España, América Central y del Sur, sobre todo en Veracruz (México) y Cartagena de Indias (Colombia). El Brigadier Solís es hijo predilecto del Concejo de Aller desde el año 1952.

 

     Actualmente de la antigüa Colegiata sólamente se conserva un muro que se levantó antes de construir el edificio con la misión de servir de contención de la Vega que se encontraba detrás y que ahora sirve de base a la escuela del pueblo, dónde hay una placa que conmemora el III Centenario del nacimiento del Brigadier Solís (1693-1993), ya que mandó construir la Colegiata para instruir a sus paisanos destinando 12.000 ducados para que en Murias se pudiesen cursar estudios de las primeras letras, sobre todo el Latín. Su construcción comenzó en el año 1782.

     Los vecinos de Murias ayudaron aportando materiales y mano de obra, al levantamiento de la Colegiata, que se vio terminada en el año 1788. En su inauguración se celebró una misa solemne y un ágape, nombrando Director de la Colegiata a Don Francisco Solís, natural de Santibañez de Murias, Preceptor de Humanidades, y deudo del Brigadier Solís.

 
     En un principio se pensó construirla en Santibañez de Murias pero hubo algunas dificultades que lo impidieron y finalmente se optó por hacerlo en el pueblo de Murias, que aceptaron con mucho agrado la construcción de semejante edificio, el cual también se le denominaba con el nombre de "La Casona".
 

     La Colegiata era fundamentalmente una Preceptoría, es decir, una Cátedra de Gramática Latina. Este centro de enseñanza permitió abrir caminos para la latinidad y la cultura clásica a los niños de la zona. La mayoría de los alumnos eran vecinos de la parroquia de Murias aunque se admitían alumnos de otras parroquias siempre y cuando éstos residieran en el pueblo varios meses al año; así comenzó a crecer el prestigio cultural de Murias, y por ello se llegó a decir: "en Murias todo el mundo sabe Latín", incluso mucho después de la clausura de la Colegiata.

       Los alumnos estudiaban hasta los 15 años de edad siendo preparados para integrarse en la Universidad o el Seminario, así se evitaba que los niños de la zona tuvieran que permanecer en Colegios de Oviedo desde la infancia lejos de sus casas.

     A los maestros que impartían enseñanzas en la Colegiata se les llamó Dómines, aún en la actualidad se nota la presencia de lo importante que fue la Colegiata ya que algunas terminaciones del bable en esta zona están muy castellanizadas, sobre todo entre los habitantes de Murias.

     Durante muchos años fue el centro de enseñanza más importante de todos los que funcionaban en los Concejos de Aller, Lena y del Caudal a finales del Siglo XVIII. Pero con la invasión de los franceses de Napoleón que convirtieron la Colegiata en cuartel y caballerizas, saqueándola, sus actividades docentes cesaron durante algunos años; Luego la Desamortización del Conde Godoy en 1798, la Constitución de 1812, el Trienio Liberal (1820-1823), el Período Absolutista, el fraude y la enorme deuda que dejó el Administrador Argüelles, acabó con todo, la escasez de fondos y los cambios continuos de administrador, junto con la rapiña y las vicisitudes de los tiempos sufrió muchos cambios y ya nada fue como antes.

     La Fundación de Murias que con tanto empeño construyó el Brigadier Don Lorenzo de Solís había ido perdiendo paulatinamente sus rentas hasta que finalmente sus bienes pasaron al Gobierno Civil. Dejó de funcionar entre los años 1852 y 1855, sin que se sepa la fecha exacta, 65 años aproximadamente después de su inauguración.

   

     El Gobierno, en lugar de conservar el inmueble y hacer obra para evitar la amenaza de ruina, hizo que el edificio fuera desmontado y vendido. Algunos vecinos de Murias se llevaron piedras de sus muros para ayudar a construir sus casas, pero fundamentalmente para tenerlas como recuerdo o reliquia del pasado.

     El solar de la antigüa Colegiata se dividió en dos partes, en una se construyó en 1910 una pequeña escuela y la segunda es ahora un prau particular. Dicen que si se excavara en la tierra se encontrarían los cimientos de la construcción original ya que todo no se lo podían haber llevado. Este lugar se encuentra en lo alto del pueblo de Murias y aún se puede ver la vieja escuela, actualmente cerrada a la enseñanza, porque ya no hay niñ@s suficientes en el pueblo para que esté en activo.

    La escuela de Murias alberga un centro de reunión para los vecinos de Murias, además de cursillos a cargo de la Asociación Cultural La Colegiata y la sede de la misma.

   

 

EL CORONEL SOLÍS EN MURIAS DE ALLER
   
    La última vez que Don Lorenzo estuvo en Murias de Aller fue en el Otoño de 1752 antes de ser destinado a América, cuando todavía era Coronel y antes de su nombrarlo también Brigadier. Quiso volver a la parroquia de Murias para recordar su infancia cuando le llevaba su padre, Thomás de Solís, desde Oviedo a pasar el verano con sus familiares de Santibanes de Murias.
 
    Se dice que vivió algún tiempo retirado en Murias. Su instancia fue muy importante, una visita muy sonada y contada durante décadas por todos los pueblos del Concejo de Aller.
 
    Cuando llegó a Murias hacía un día de sol de justicia y su recibimiento fue impresionante: se adecentaron los caminos de Murias y Santibanes, y todos esperaban con ansia la llegada de Don Lorenzo.
 
    Se oyó a lo lejos una tremenda explosión y aquel estruendo fue recibido con alegría y entusiasmo por los muriatos, esto indicaba que Don Lorenzo había cruzado la parroquia de Nembra para atravesar los límites de la parroquia de Murias. Empezaron a sonar las campanas de la Iglesia de Santa María de Murias, allí estaban todos los vecinos, además de los Solises de Santibanes, los Robezo, los Trapiello, los Moro, los Fernández de la Torre, los Fernández Cantarines, ...
 
    Después de su recibimiento, el párroco, Don Román Álvarez Texera Lamas, con el Alcalde y Regidores, transladaron a Don Lorenzo a la Casa de la Bortica (casa de Luz y Ramón que está debajo de la Iglesia de Murias) que fue preparada para su alojamiento.
 
    Su estancia en Murias se prolongó varias semanas, aquí fue dónde recibió la noticia de su ascenso a Brigadier  y de su misión en Cartagena de Indias, en calidad de Ingeniero Director.
 
    Durante su retirada en Murias fue visitado por los Castañones y Lobos de Nembra, los Lleras de Bello, los Ordoñez del Pino, ... éstos le agradecieron sus servicios realizados en beneficio de la patria, ya que era un Hombre curtido en mil batallas que había alcanzado altas cimas en los Ejércitos de S. M, y contribuido con su sabiduría a la salvaguarda de las posesiones de la Monarquía Española.
 
    Don Lorenzo preparó una expedición por el valle principal del Concejo de Aller, dónde aprovechó para hacer una visita a las Foces de Rubayer. La expedición partió al amanecer, cogieron sus mejores caballos y comenzaron a ascender la montaña que separa Murias de Soto, asía pudieron comtemplar en la cima el Valle del Río Negro casi en su totalidad.
 
    A la altura de Collanzo fueron agasajados por el Alcalde, siguieron por el Valle de Casomera hasta llegar a las Foces de Rubayer. Al regresar se hizo una acampada en Cuergo (Cuérigo).
 
    Don Lorenzo supo captar el cariño y aprecio de todo el mundo y dejó claro su carácter abierto, afable y dulce. Se decía que cuando él salía a pasear iba rodeado de niños teniéndolos pendientes de las historias que les narraba.
 
    Pero llegó el día en que su aventura por América le esperaba, éste sería su destino definitivo, y pocos días antes de su marcha reunió en Murias a un grupo de jóvenes para ver cúal era el más valiente y quería acompañarle en aquel largo viaje. Les prometió carrera y profesión en Nueva Granada, pero ninguno se atrevió o ninguno obtuvo el permiso de sus familias. El caso es que Don Lorenzo se marchó sólo, pero antes les dió como despedida un real de plata  a cada uno, proceder que en aquella época se consideró como un acto de generosidad.
 

Nota: Información y fotografías extraídas del libro

"Un Filántropo Asturiano: El Brigadier Solís" del autor Manuel Jesús López González, "Lito".